Soy Verónica, y mi vida siempre ha estado unida a los animales. Hoy lo vivo como proyecto, pero este lazo nació conmigo.
Durante veinte años dedicados al rescate animal, mi vida se llenó de encuentros y despedidas que me marcaron profundamente: la de quienes partían sin haber encontrado un hogar, los que cuide en acogida (siempre decía que era como criar hijos para otros: darles todo el amor sabiendo que un día tendré que dejarlos marchar), y la de mis propios hijos de corazón, con quienes compartí y comparto vínculos irremplazables.
Llegó un momento que mi alma no pudo más, mi corazón no soportaba tantas despedidas. Ahí comenzó mi mayor noche oscura del alma en las que solo vi dos caminos: hundirme o pedir ayuda profesional. Elegí la segunda opción, pero me encontré con incomprensión y vacío. Ese fue el inicio de mi propio camino de sanación, donde aprendí a mirarme con ternura y compasión.
Descubrí que el duelo pasa, el dolor cambia…. Pero el sufrimiento se acumula si no sanamos también el alma. Aprendí que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.
Hoy acompaño el duelo animal, la convivencia multiespecie y procesos de trasformación personal desde una mirada profunda e integradora.
Estoy preparada porque ya soy; lo que doy nace de mi verdad, y eso es suficiente, porque solo cuando conocemos bien nuestra propia oscuridad, podemos estar presentes con la oscuridad de los demás.
Mi mayor legitimidad es mi historia: lo que viví, lo que sané y lo que me funcionó. Hoy lo comparto para acompañarte en tu propio proceso.
“La herida es por donde entra el dolor, pero también por donde sale la luz”
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